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jueves, 30 de diciembre de 2010

El año del HD y el 3D... xD (y todo lo que termina con D)

Antes de terminar el año debo escribir alguna cosa, supongo que quisiera registrar algo de lo que sacudió el 2010 en mi vida, pero eso es cursilería o quizás corresponde al mundo onírico...buena fuente, buen material para tirar acá, de todas formas aquí les va:

Más tarde ese día me propuse lo siguiente: dejar de volar y pisar la arena húmeda de la orilla. Quería que miraras las pisadas. Después de ocho mates con dos y media de azúcar fui a buscar el álbum que tenía escondido hace dos años y me quedé mirando el fondo en tercera dimensión con todo lo que salpicaba a mi alrededor. Nadé por esa cabaña y divisé algo extraño, seguí nadando....ahora veo eso extraño, no era algo tan fuera de lo común, de hecho era muy parte de la figura retórica que nos convoca. Y ahora que espanto a la gente cantando en la locomoción colectiva de cierta cuidad costera sin pedir un peso, me complazco en presentarles mi nuevo personaje. Pasé la prueba, ya está todo listo y ensayado. Un aplauso para la persona que me masticó como a un chicle por tanto tiempo y que luego lo escupe para luego tomarlo y seguir masticándolo, rumiándome entonces, hablaré de lo mucho que me gusta saber que puedo introducirme en tu garganta y evitarte en paso de la respiración. La función se las dejo para el año que viene, por ahora a esperarla con una copa de champaña. Salud!

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Vestido de papel

Hoy me visto de blanco y le agrego tinta
a la expresión que me dibujas con tus ojos,
con esto, confecciono un vestido.
Diseño inquieto y distraido
quebrándose en un pliegue acorazado.
Material frágil soy, como papel,
doblada y arrugada para quien no quiera mirar mi voz,
pero fuerte para vestir lo que nadie se atreve.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Otro día de cuento

Lodo en tus escombros marchitan su peso
cambiando la configuración dormida.
Nuevo tiempo para traspasar paredes inundadas de mi sangre
que en la fragilidad de mis dedos se marca.
Cuando intento convencerme de que un desierto no tiene vegetación
se oprime sobre mi pecho esa energía de un vacío real,
imponente, arrastrando miles de rocas cercenando mi garganta.
Los recuerdos vienen disfrasados,
vienen cuando el presente ya no se puede sentir.
Lindos afiches de acuerdo a lo que respiro
se imprimen para recordarme que no existe tal vegetación.

Repelente

¿Qué veo? ¿Qué poseo? no es algo natural, es la forestación perfectamente alineada, son pinos de navidad que cubren lo predeterminado. Tengo la ligera impresión de que la gente cree que no estoy viviendo. Si, soy repelente, es que la suave brisa lo quiere, lo desea, como las mariposas que en mi interior emergen hasta mi boca, donde se les reprime el paso mucho antes que llegen allí. Intento decirte un montón de palabras, pero aquellas se eliminan en un nodo dispuesto por ti. Hoy lo entendí, permanentemente colgada a la ciega sombría inversa mente proporcional izada caserola que golpea a un costado de lo que suele transformarse en un agente químico anexo a la escencia con la que viene, tal químico cambía su composición y no es suerte que el cambio tenga una reacción anti yo, porque sabes, y si sabes, todos saben, mas la que no tiene idea de como se siente ese repudio soy yo. Creo que el repelente de mi lado se siente de distinta manera, no es más que una expresión para mi, donde cansada he visto la modalidad del circo improvisado, mal actuado de esta humilde servidora. Empapelada presiento el desaliento calido de quien ha corrido mucho, pero no ha avanzado nada.

viernes, 22 de octubre de 2010

Los visitantes

Prontamente se acerca una embarcación, allí va una joven y su pequeño hijo, el hijo le pregunta a la madre si acaso el agua de mar se podía beber, la madre le contestó que no, porque podría hacerle daño. El niño sólo asintió. Nada más, media hora, y estaban todos en tierra. Los pasajeros con sus equipajes adornaban la costa soleada, las familias, los enamorados y los viajeros solitarios en busca de aventura, arribaban a la boca del lobo.
Las tiendas de artesanía mostraban sus productos decorativos y novedosos. Las vendedoras poseían una sonrisa que limitaba con lo falso, como un comerciante fracasado intenta vender un producto que ya nadie quiere. La bahía se veía tranquila y lo era, o por lo menos de eso nos intentábamos convencer. El servicio hotelero poco desarrollado en la zona acogió a nuestros visitantes con promociones, descuentos, ofertas convenientes que cualquier persona con habilidad para los negocios lo consideraría toda un ganga. Las hospederías no eran del todo malas, pero no se pude decir que eran cinco estrellas. La vida aquí carece de lujos, sólo tenemos lo necesario, lo suficiente para sentirse cómodo.
Esa tarde, los visitantes se dedicaron a conocer el lugar, la joven madre y su hijo se dirigieron a la playa al igual que tantos otros turistas que llevaban sus tablas de surf para practicar y disfrutar de las fabulosas olas, o  las familias, que construían castillos de arena en la orilla.
El niño, no llevaba balde ni pala para construir uno de esos castillos, no traía pelota, podría hasta decir que no poseía juguete alguno, él estaba absorto en el mar, en las olas, en los rayos de sol que se reflejan en el agua salada, estaba solo con su madre. Ella miró fijamente al niño, no era una mirada de madre, ella no estaba preocupada por su hijo. Lo miraba como examinándolo, estaba casi hipnotizada mirando su perfil, sabía que algo andaba mal con el niño, el temor se apoderó de ella, sentía que el sol la abrumaba y que la arena formaba una gran horno bajo sus pies. Inmediatamente tomó al niño de un brazo y lo arrastró firmemente por la playa, él no se quejó. Cuando llegaron a la cabaña, la joven tomó un baño de agua fría, se sintió aliviada, y así, más calmada, cerró los ojos, los mantuvo cerrados por un par de minutos cuando algo la obligó a abrirlos.Su hijo estaba allí, mirándola, con toda su atención en el rostro. La joven aterrorizada alzó un brazo y lo empujó tirándolo al suelo, luego se puso una toalla y le gritó.
En la costa, las personas disfrutaban del paisaje, bebían jugos naturales y comían las delicias de la gastronomía local. Se acercaba rápido el atardecer y las familias abandonaban la playa, el lugar de juego que las mantenía ocupadas toda la tarde, con esto, comenzaban a llegar las parejas, los jóvenes románticos que deseaban besarse en la puesta de sol, para luego ver las primeras estrellas que se asoman en el azul eléctrico del cielo a esas horas.
En la cabaña la joven madre observaba en reloj, su hijo estaba dormido en la habitación destinada para él. Esperó. Las cuatro horas se hicieron eternas, Ella sudaba, no sabía si lo que estaba a punto de hacer era lo correcto, pero la intuición se lo decía fuerte y claro: "Mata al niño". Era su hijo biológico, ella lo había visto nacer, creía que le pertenecía o que era una parte de ella misma, sin embargo, ya no podía sentir eso, algo había cambiado desde que su marido, padre del niño, se escapara de casa con otra mujer sin dejar rastro.
Mientras pensaba en el desenlace fatal de su hijo, se dio cuenta que había llegado la hora, se le aceleró el corazón, estaba tan asustada que se movía con dificultad. Cuando llegó al dormitorio de su hijo, sintió que un frío le recorría la espalda, pero ella no se detuvo, tomó al niño en sus brazos y caminó en dirección a la playa. El aire marino la atraía, el viento le precipitaba el paso. Evitaba mirar al pequeño que tenía en sus brazos por que le abordaba una sensación de tener al diablo mismo en su regazo y eso la hacía enloquecer, podría haberlo tirado al suelo y correr kilómetros, pero sabía que eso no acabaría así. La joven llegó a la orilla, su hijo dormía con una paz sobrenatural, ni siquiera se le oía la respiración y estaba blanco como el papel. Ella en casi un acto reflejo se introdujo con él al agua y lo sumergió con todas sus fuerzas. Naturalmente el niño despertó de su sueño y en su desesperación intentaba sujetarse de las piernas de su madre para subir a la superficie, pero la madre le azotó la cabeza con una piedra que había en el fondo por lo que el pequeño dejó de moverse y ella fácilmente pudo cometer su crimen dejándolo el tiempo suficiente bajo el agua para asegurarse de que realmente estuviera muerto.
A la mañana siguiente, encontraron al niño muerto en la bahía, la policía acudió a la cabaña de la mujer, madre del pequeño, pero ella se había suicidado colgándose de una viga en uno de los dormitorios de la cabaña. Los turistas se conmocionaron con la noticia, se sorprendían y comentaban el homicidio. Mientras que nosotros, sólo nos mirábamos y callábamos, sabíamos lo que estaba sucediendo. En este lugar los principiantes no evaden la muerte.
El espeso aire marino se introduce con violencia en los pulmones y luego corre por las venas oxigenando tu mente de ideas, los músculos se paralizan y el corazón se acelera. Es por eso que nadie viene por aquí. Sólo llegan los escépticos y los ignorantes que sin querer se ahogan en sus propios miedos dando lugar a la vieja leyenda de la bahía. Y me doy el lujo de  apostar que los pasajeros de  la embarcación que acaban de arribar, no duran más de tres días...

sábado, 16 de octubre de 2010

¿Cuánto tardas en llegar?

Ahora, el beso que no llega, tu mirada envenena el vaso líquido que me estoy por tomar. Un aderezo, es la magia del beso que tarda en llegar. No más contar en la vigilia de la fachada de mi rostro. Salimos, vamos, volvemos, hablamos, cantamos, nos encontramos y me voy. Peso de pluma, tarda en llegar al suelo. El cuadrado de lados infinitos sometiendose a las vueltas en su propio eje, no sigo agregando espanto. Si así es eterno, jugaremos por siempre a decir no, o a escalar la superficie plana hacia el norte, donde me encontraba diciéndome ¿bañaré algún día la luna desnuda en los cabellos de un sauce? o ¿era al revés? No importa, es el en una, pero nadie entiende. Soy en contra de todo. ¿ Me perdonas la poca franqueza? es el aderezo tierno, ovillado de la más pura cepa, si usted quiere no callaré, las afirmaciones podrían limitarse y volverse un asunto mucho más digerible que el asiento de la plaza al doblar la esquina, tu aquella esquina, donde estuve la última vez bombeando tu corazón con esa calma y lejanía maldita propio de lo que tarda en llegar.

sábado, 24 de julio de 2010

El sin sentido

Soy el tiempo existencialista que vive en el polvo de tu casa, no es fácil apagar la maquinita en estas fases donde se camina por el agua fluyendo creciente. Has apoyado el séptimo arte por el concepto arrebatado de lo que querías en un principio. Ahora lo tienes, el hombre con la chaqueta sencilla que camina por la gran cuidad, algo pintoresco para empezar. Si no hay Dios no existe integridad en tu personaje, ¿el reconocimiento en tal persona puede resumirse al hecho que use sus mismas zapatillas?

Es absurdo vivir preocupado y mucho más tratando de alcanzar algo que no existe, sólo existe lo que está dentro de nosotros mismos. Me es imposible vivir bajo ese concepto equivocado, no me reconosco en nadie, ni en la caricatura representándome. No es la facinación por el negativismo, el negativismo no viene del individuo, sino que viene de la sociedad que lo empuja a él. Retrocediendo y poniendo pausa, aquella historia no es más que un agente activo que deja un rastro en mi, entonces yo contribuyo con mi parte. Escribiendo o gritando, da igual, el hecho es que me puedo esconder en cualquier rincón, Tengo la responsabilidad de actuar sin dañar a nadie, sólo dañaría con gusto a un alérgico que se ahogara con mis ideas. Ignoro los desenlaces, pero sé que el sin sentido me llevará al lado correcto.